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martes, 30 de abril de 2013

SERÁ RECORDADO COMO EL CLÁSICO DE LA "L"

El elenco de todos los viñamarinos derrotó con un contundente 3-0 a su archirrival en una nueva edición del Clásico Porteño, el más antiguo e importante del fútbol chileno.

Ansiedad, ansiedad había por todos lados, jugadores, dirigentes, aficionados, periodistas, barras bravas, niños, mujeres, ancianos, desempleados, trabajólicos, obreros, empresarios... todos, absolutamente TODOS querían asistir al Estadio Lucio Fariña Fernández para presenciar el clásico más importante del fútbol chileno y también para alentar a sus respectivos equipos.

Es que este clásico tuvo de todo, partiendo por su preámbulo: el llanto de la contra por la restricción de entradas, la venta de estas con agotamiento de todos los tickets en la preventa en la Casa Oro y Cielo y de las 800 entradas destinadas para los hinchas porteños -después se sabría que en realidad esas 800 galerías y 200 preferenciales destinadas para la visita no se vendieron en media hora como salió en la prensa, sino hubo una repartija entre sus propios grupos de "conveniencia", dejando muy pocas para que las comprara el hincha común y corriente-.

Como condimento adicional estaba la famosa "L" dedicada por Carlos Muñoz a todo el pueblo Oro y Cielo en el partido Colo-Colo-Everton jugado tres fechas atrás, la cuál era una respuesta al ex-evertoniano Ezequiel Miralles, quien había realizado el mismo gesto hace algunos años vistiendo la camiseta alba en un partido contra los caturros. Pues bien la famosa "L" habría pasado al olvido, pero la prensa porteña se encargó de resaltarla, refregarla, destacarla y recordarla prácticamente todos los días desde aquel 7 de abril de 2013, lo que provocó que HASTA antes del partido la parcialidad verde hiciera suyo dicho gesto.

Por otra parte estaban los rendimientos de los equipos, los ruleteros venían con un paupérrimo rendimiento, obteniendo apenas una victoria en las últimas cinco fechas, siendo las tres últimas vergonzosas derrotas, mientras que el elenco vecino llegaba al clásico en calidad de favorito, con una racha de tres victorias consecutivas y con 5 puntos de ventaja en la tabla.

Pero como dije antes y como lo ha dicho todo el mundo, los clásicos son diferentes, es un partido aparte y el del sábado en Quillota definitivamente no fue la excepción.

Como le debe haber pasado a muchos, la noche anterior apenas dormí y lo único que quería era levantarme luego para tomar raudo rumbo a Quillota. Una gran cantidad de hinchas viajó a la ciudad de las paltas en una verdadera caravana Oro y Cielo desde Viña del Mar. Una vez adentro del estadio la efervescencia de ambas hinchadas se hacía sentir, sin embargo sería la parcialidad viñamarina comandada por la banda de Los del Cerro, la que se haría sentir finalmente en los noventa minutos, y esto no porque fueran mayoría por la distribución de entradas, sino porque pusieron el aguante, el aliento, la fiesta, la alegría y el carnaval versus la amargura porteña, y nuestros jugadores así lo sintieron.


El match
Los equipos a la cancha y el carnaval de LDC

Una vez comenzado el partido se podía sentir una cuota de nerviosismo, es en los primeros minutos donde ambos equipos empiezan a medir a su rival, se le pone a prueba con ciertas incursiones, se sacuden los equilibrios, en definitiva es el momento en que el cazador analiza a su presa. Un par de tiros libres cerca de nuestra área me hicieron recordar el partido contra Unión La Calera por lo que estaba al borde del infarto, luego un innecesario golpe de Ribery al portero Viana, me preocupó por lo tarjetero que puede llegar a ser el árbitro Osses.

Pero el partido se empezó a desenredar y fue en el minuto 18 cuando un arranque por la derecha del inspirado Ribery Muñoz en que superó en velocidad al defensa caturro, luego engachó y la cambió a la izquierda atrás para Emiliano Romero cómodamente fusilara al guardametas porteño. La euforia y la algarabía no se hicieron esperar y a Romero le salió del corazón el ya mencionado gesto de la "L" -después diría que ese gol se lo dedicó a su amigo Miralles-. La humillación de los vecinos comenzaba, pero esto no era todo, aun quedaba harto por jugar y por alentar.

Wanderers intentaba tomar el control del partido e iniciar algún tipo de ofensiva, pero se encontró en el medio con los solventes Fernando Saavedra y Coke Romo, quienes jugaron un partidazo, neutralizando el mediocampo caturro, quitando balones, generando y canalizando prácticamente todo el fútbol viñamarino. Romero ya se estaba soltando como "10" por lo que aportaba con un fútbol vistoso y alimentaba de buena forma a los atacantes; un inspirado Ángel Rojas se convertiría en el amo y señor del medio, participando en prácticamente todos los ataques ruleteros, acompañado de algunos "lujos" que sacaban aplausos de la hinchada. Adelante un sólido Barrios la aguantaba y piboteaba y Jota Muñoz tenía con serios problemas en la cadera a Schultz y Luna por el baile que les estaba dando.

Emerge el alemán

Así estaban las cosas, con Everton buscando el segundo tanto y Wanderers aun intentando entender qué fue lo que pasó en el primer gol, cuando se cobró tiro libre a favor de los viñamarinos en tres cuartos de cancha, pero casi en la línea lateral izquierda. Fue nuestro especialista en pelotas muertas Ángel Rojas que con soberbio centro la puso perfecta en la cabeza de un descolgado Alex von Schwedler que se elevó solo a lo Bam-bám Zamorano para inflar por segunda vez las mallas custodiadas por Viana. Corría el minuto 29 y el carnaval y por qué no decirlo, la tranquilidad, se apoderaban del sector 'Andes' -y de gran parte de la 'Preferencial'- del Lucio Fariña.

El resto del primer tiempo continuó de manera similar, con la latente amenaza del cuadro porteño por descontar, pero que al final ni siquiera fue amenaza, en gran parte gracias a nuestros centrales, el alemán y Chano Velásquez, que jugaron un partidazo, anulando por completo a los tanques Donoso y Salmerón, ganando todas por alto, por bajo, saliendo jugando o reventándola cuando correspondía. Everton continuó atacando, jugando como los dioses, intentando aumentar el marcador. Al término de la primera etapa Jota tuvo la gran oportunidad cuando quedó solo frente al portero vecino, pero hay que reconocer que Viana achicó muy bien y se perdió la oportunidad de ir a los vestuarios con un cómodo 3-0.

Ribery se consagra

Con la ventaja a nuestro favor, los ruleteros ingresaron el segundo tiempo a controlar el partido, aprovechándose de la desesperación de los vecinos, quienes apenas pudieron esbozar algunos ataques y abusaron de las faltas. Everton tuvo varias ocasiones en que podría haber extendido el marcador, pero las malas decisiones o la fortuna impedían que esto ocurriera. Fue en los 78' cuando Ribery perfectamente habilitado, se la llevó por la banda izquierda, logró pasar al defensor Luna que la trancó con pate'lana, y con soberbio tiro batió al guardametas porteño, consagrándose como gran figura del partido y de Everton, pues como ya nos tiene acostumbrados, aparece en los momentos importantes, como en aquel mítico 17 de marzo de 2009 en el Estadio Néstor Díaz Pérez, cuando convirtió el gol de la victoria en el primer triunfo chileno en Argentina por Copa Libertadores.
Celebración en el camarín Oro y Cielo
Foto: subida a Twitter por M. Cáceres

El resto del partido fue prácticamente un trámite, el defensor porteño Luna se fue expulsado por doble amarilla y los viñamarinos controlaron el balón en los minutos finales con la hinchada coreando "ole" cada vez que la tocaban. Sin duda fue una fiesta por donde se le mire y un clásico para recordar, a pesar de que fue jugado en un extraño campo neutral. El festejo de jugadores e hinchas no se hizo esperar y los gestos de la "L" dedicado a C. Muñoz y a los vecinos, aparecieron por doquier, en las tribunas, en los camarines y en las redes sociales, todo dentro de una sana rivalidad como debe ser.

Si bien Everton cumplió uno de los objetivos de este campeonato que era humillar al clásico rival, no podemos descuidarnos y desde ya Víctor Hugo debe empezar a preparar el partido en la heladera precordillerana.

martes, 19 de marzo de 2013

¡HUMILLADOS EN LA CANCHA, PERO JAMÁS EN LAS GRADAS!


Sábado, el reloj marcaba las 8:30 de la tarde, la noche ya había caído y un helado viento corría por el coliseo ubicado entre las calles El Guanaco y Huánuco. No podía ser de otra forma ya que es la tónica del congelador del barrio Independencia. Sin embargo en la galería Atilio Cremaschi ubicada en el sector norte del estadio, había calidez, alegría, pasión, canciones y mucho, mucho aguante: era la barra de Viña del Mar, que como siempre estaba ahí incondicional, alentando al equipo de todos los viñamarinos. 

Expectativas habían muchas, ya sea infladas por la prensa o por nosotros mismos los hinchas, pero éstas se esfumaron a los pocos minutos de haber comenzado el pleito, pues el equipo del Coto Sierra nos dio un balde de agua fría de tal magnitud, que no había sentido algo así desde aquel penoso 6-2 contra las Chivas de Guadalajara en 2009 (ya sé que con la UC perdimos 5-0 en 2010, pero hablo de la magnitud del golpe).

En los primeros minutos tuvimos unos aprontes interesantes, con buen juego colectivo, pero sin peligro para la valla custodiada por Sánchez, sin embargo el primer golpe lo recibimos tempranamente con un pepazo de Rubio. El gol nos afectó, pero aun así Everton intentó levantar e ir a buscar la ansiada igualdad, pero sólo 15 minutos después Ampuero ponía las cosas 2-0 y el cuadro viñamarino se desinfló definitivamente. A esto se le sumó un tercer gol que rebotó en un defensa y que dejó a Dalsasso parado, y la expulsión de Velásquez... excelente forma para terminar un primer tiempo.

Ingresó Servín para poner orden atrás y Dzeruvs -¡todavía no sé cómo pronunciarlo!- para intentar dar más potencia ofensiva, pero todo fue en vano, recibimos dos goles más (que podrían haber sido varios más) y salvo una chilena de von Schwedler -un defensa- en los últimos minutos, Everton simplemente NO llegó al arco hispano.

Como hincha uno queda meditando si efectivamente le diste todo el aliento al equipo, si cumpliste con todas las cábalas y ritos para no perder, si ese día te pusiste la camiseta ganadora y no la camiseta jetta, o quizás fue el nombre de la galería -Atilio Cremaschi- lo que nos penó, como lo hizo ese jugador en el lejano 1951 cuando convirtió el cuarto gol en el 2-4 con que perdió Everton contra la UE en nuestro Estadio El Tranque prácticamente dejándonos fuera de la final y de paso, vengándose por la primera estrella Oro y Cielo obtenida el año anterior en la tercera final ante 50 mil evertonianos en el Estadio Nacional con gol de nuestro máximo ÍDOLO Don René Meléndez!

Pero no, el problema no estuvo en nosotros los hinchas, todo lo contrario, fuimos LO RESCATABLE ya que estuvimos apoyando y poniendo el aguante durante todo el partido, no así los panaderos que ni se escucharon, salvo cuando metían goles. Esto se sintió así en el estadio y también en el CDF (por lo que me contaron... aunque alguno podría argumentar que eso es relativo porque manejan los audios).

Algo pasó que el equipo estuvo bajo -¡desde hace cuatro fechas que lo está!-, y no quiero entrar a analizar jugador por jugador porque eso ya lo han hecho de sobra los expertos, los periodistas en los medios y también los hinchas en Pasión de Cerro; Víctor Hugo NO hizo un análisis del partido en sus declaraciones, pero espero que lo haga a puertas cerradas con los jugadores.

Ahora sólo queda esperar dos semanas hasta la próxima fecha contra O’Higgins, tiempo adecuado ya que en teoría podrán recuperarse varios jugadores que estaban lesionados, como el Negro Silva, y así disponer de más cartas para los próximos encuentros. Lo importante es que lo jugadores deben entrar a la cancha concentrados y sobretodo dejando el CORAZÓN y el alma en ella.